Jaipur y Dadar Ashram

Después de diez días logramos escapar de la absorvente Varanasi y no fue fácil, pues conseguir un billete de tren a dos días vista tiene su complicación. Finalmente optamos por reservar el último que quedaba libre en “sleeper” y otro en la famosa “waiting list”. Ya en marcha hablamos con el revisor y felizmente pudimos viajar juntos.

Compartiendo música y canciones en un pequeño templo en el alma de la ciudad vieja de Jaipur.

Llegamos a Jaipur donde nos esperaba un amigo propietario de la Tony Guest House, un lugar paradisíaco situado en lo alto de uno de los edificios de esta ruidosa ciudad. Fue nuestro oasis durante nuestra estancia allí, comida casera, “free chai” y mucha gente de paso. Como lugares a visitar recomendaría la ciudad vieja (Pink City) con sus calles inundadas de comerciantes, artesanos y puestos de comida, el City Palace y el Observatorio. En las afueras el Amber Fort, el Jai Garth Fort y una vista rápida al Jaj Majal. También es muy recomendable el Hanuman Temple que parece que tocará en en la próxima visita pues no nos dio tiempo a acercarnos.

Amber Fort.

En una de nuestras escapadas de la ciudad Tony nos acercaría a ver a su Guruchi al Dadar Ashram, donde volvimos un par de días después con una propuesta para quedarnos a trabajar y a buscar material para un espectáculo en el que venimos investigando desde hace algún tiempo. Acabamos representando una versión completamente nueva de unos 35 minutos para los invitados y familiares del Babají en el primer día de celebración de una festividad que duraba tres. Fue una bonita experiencia que nos introdujo a la vida del rural profundo compartiendo experiencias e historias con los que allí se alojaban.

Un momento del espectáculo.

Pese a que en un principio se mostraron reacios a que colaborásemos en las tareas del día a día acabamos por encontrar nuestra ocupación que se basó en limpiar unos jardines (repletos de mangos, pena que no estuviéramos en temporada) aportando nuestro granito de arena en cuanto al cuidado de la naturaleza, pues la conciencia del uso de materiales plásticos y el tratamiento de residuos deja bastante que desear en este extenso país.

Angela y Tony después de la función.

Tras cinco días de intensos madrugones (para no perdernos el chai de las 7), montañas de deliciosos chapatis y conversaciones imposibles alimentadas por nuestro inglés y el indi del Joven Babají regresamos a Jaipur, tras una emotiva despedida y nuestra promesa de volver pronto.

Con Little Babaji y nuestro amigo Chumru en Dádar Ashram

Regresamos a la civilización para cambiar nuevamente de destino, esta vez, Puskar. Otra ciudad preciosa conocida por su comercio de piedras, artesanías y ropa.

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Varanasi

Once horas tardó el bus en llevarnos desde Pokhara a Bhairahawa serpenteando por carreteras imposibles entre precipicios. Allí hice un transbordo acompañado por Lucas, un alemán con el que compartiría los próximos 4 dias de viaje. A las 16:00h. llegamos a Lumbini, lugar donde supuestamente nació Lord Buddha y nos llegó lo que quedaba de luz y la mañana del día siguiente para ver el Pilar Asoka, un par de templos y el Jardín Sagrado para darnos cuenta de que aquello no era lo que estábamos buscando. No se hace años pero esa gran extensión de terreno se ha convertido en un macro-jardín donde diferentes paises construyen sus templos, cada cual más impresionante, a los que los peregrinos asisten para sacar fotografías y complacer a los vendedores de artesanías pero que, y esto es algo que compartía con mi reciente compañero de viaje, carecía de cualquier tipo de espiritualidad. De ahí nos dirigimos de nuevo a Kakarahawa en bus local y de ahí a Sunauli en un jeep en el que cupimos 17 personas. Cruzamos la frontera caminando y gestionamos nuestro billete de bus (cuando fuimos victimas de nuestro primer timo en la India, nos sirvió para aprender) que nos dejaría en Varanasi después de 11 horas del viaje más movido que ninguno de los dos hubiéramos hecho nunca, fué algo así como una ficha en los coches de choque mezclado con una vuelta en una gran montaña rusa, y todo esto intentando dormir. Un recomendación para el viajero, si puedes, nunca te escojas los asientos traseros de un bus indio.

La llama eterna de Buddha en el paseo central de Lumbini

Dos dias después Lucas se marchó a Agra a visitar el Taj Mahal antes de continuar su camino hacia el sur y esa misma tarde recogí a Ángela en el aeropuerto al más puro estilo indio, en Ricksaw, así que desde el 31 de Enero mi viaje sufre un ligero cambio, ahora es nuestro viaje.

La rivera del Ganges

Varanasi debe su nombre al territorio comprendido entre la desembocadura del Rio Assi (Assi Gath) y el Varuna, y representa una de las siete ciudades sagradas de la religión indú. En las orillas del Ganges puedes ver de todo, desde cómo lavan y tienden la ropa, pasean en barco o toman sus baños purificadores hasta la celebración de todo tipo de rituales o pujas destacando sus numerosos festivales y las Burning Gaths donde se llevan a cabo las famosas cremaciones.

El mercado de las frutas

Pasear por la rivera del Ganga es sin duda algo impresionante, sentarse a tomar un chai y simplemente observar cómo pasan las horas es todo un espectáculo de colores, olores y gente de todo tipo. Lo primero a lo que te expones es a ser abordado por innumerables patrones de barcas para dar un paseo, masajistas, artesanos, barberos y vendedores ambulantes de todo tipo de artículos y géneros, algo que en ocasiones llega a ser estresante pero que forma parte de su encanto.

Una escena que se repitió cada noche a pocos metros de Hannuman Gath

Los colores de Benarés son vivos y destacan sobre un fondo de piedra polvorienta y plagada de excrementos de animales y plásticos,  impregnada por el peso de una historia que sigue presente en cada uno de los adoquines de la ciudad. Otros lugares a visitar son el mercado de las frutas y la estrecha calle Bangali Tola, donde las tiendas de comida, ropa, música y tejidos ofrecen un bonito paseo a los transeuntes, serpenteando eso si entre vacas, motos y algún que otro desfile.

Ángela al otro lado del río, al fondo, Varanasi

Otra gran sorpresa al otro lado del rio, donde un desierto aparece en su caudal seco. Allí no te encuentras con nadie en kilómetros y puedes caminar a gusto y disfrutar de un espejismo de silencio. Un contraste más en esta impresionante ciudad que puede gustar o no pero desde luego no dejará indiferente a ningún visitante. Muchos aseguran que es el lugar más bonito de la India, un referente que no te puedes perder, otros escapan horrorizados por su desbordante energía e intensidad, es la dicotomía en la que llevo inmerso desde que llegué a la India, unos la odian, otros la aman, yo creo que siento ambas cosas al mismo tiempo.

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…la montaña

27 de Enero del 2012:

Siete dias caminando desde que sale el sol hasta que se pone con la única preocupación de encontrar un lugar donde dormir, comer y secar la ropa mojada dan para mucho.

Pese a haber caminado la mayor parte del tiempo solo he tenido la posibilidad de compartir parte del tiempo con numerosos y diversos grupos de personas que me he ido encontrando por el camino, aunque haya sido con sus portores y guias con los que mejor relación he mantenido. He aprendido un montón de ellos, de sus conversaciones, consejos y sobretodo de observar cómo se desenvolvían en la montaña, cómo caminaban, cómo descansaban y cómo eran capaces de gestionar su energía para llegar a destino sin apenas modificar su respiración.

Cuatro portores descansan en Chomrohm después de una intensa jornada de mañana

Según se han ido sucediendo los dias me he ido encontrando con diferentes problemas que me hacían dudar entre seguir adelante o bajar de nuevo a Pokhara y darme una buena ducha de agua caliente. Primero fue un intenso dolor en una cadera, una antigua lesión que arrastro desde hace años, después los comentarios de las personas con las que me cruzaba advirtiéndome sobre la cantidad ingente de nieve, el mal tiempo y las dificultades para alcanzar mi destino solo. Seguí adelante con la ayuda de un palo que me acompañó durante el resto de mi marcha dándome seguridad en los tramos con hielo y un agradecido apoyo en las subidas.

La primera cara que vi después de caminar dos horas y media, perdido en algún lugar entre Pinhu y Tadapani. El hombre no hablaba ingles pero conseguimos entendernos y me mostró el camino que me llevaría a Ghorepani

Conforme pasaban los dias la incertidumbre se iba reduciendo y me iba haciendo cada vez más con el control de las distancias, con la información que recibía sobre mí cuerpo, el tiempo y el terreno para acertar en el camino y cumplir el programa que se iba confeccionando dia a dia.

Durante las siete jornadas que ha durado mi paseo por la Anapurna han pasado por mi cabeza un sinfín de personas, situaciones, emociones, sensaciones, canciones, sueños, esperanzas y miedos. Ha sido como una gran meditación, una profunda limpieza, una toma de conciencia de lo verdaderamente importante, disfrutar de cada uno de los momentos que la vida me ofrece.

Llegando al Anapurna Base Camp en mi cuarto dia de Trekking, a unos 4000 metros de altura.

Pese a haber perdido dos o tres kilos siento que me voy con los bolsillos llenos y, esto que me llevo, lejos de resultar un lastre  me llena de fuerza y entusiasmo para seguir adelante.

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Vamos con el trekking.

18 de Enero del 2012:

Atrás quedan ya las jornadas en Anántapur, hablar castellano, comer sin picante y confiar en que la gente me de el verdadero precio de las cosas (sin contar los ricksaws por su puesto). Después de dormir unas horas en la parte de atrás del taxi que me llevó al aeropuerto, nos levantamos sobre las 4, nos tomamos un masala chai y esperamos en la puerta de llegada de pasajeros a que viniera el nuevo voluntario, gracias al cual me salió gratis el viaje hasta Bangalore. Me parecía interesante que fuera recibido por alguien que le pudiera introducir brevemente lo que le quedaba hasta llegar al campus y cómo manejarse las primeras horas allí pero, no apareció así que al cabo de hora y media me fui a hacer el chek-in y prepararme para mi primer vuelo del dia, empezaba mi viaje. Una vez en Dheli me pillaría otro para Kathmandu, donde llegaría a las 3 de la tarde. Cuando me quise dar cuenta estaba sentado en una mesa con un francés y cuatro nepalies comiendo unos momos de pollo, deliciosos.

La primera imagen al bajar del avión en Kathmandú

Dormí una noche en la capital nepalí y a las 7 de la mañana ya estaba subido en un bus rumbo Pokhara, la segunda ciudad más grande de Nepal, situada a unos 200 kilómetros al Oeste de Kathmandú. Con sus cerca de 350.000 habitantes es la sede del distrito de Kaski y la base para los que deciden abordar alguno de los circuitos de la Anapurna, como es el caso. En este viaje conocí a Steven y Harriet con los que llegúe hasta el siguiente lodge, situado a unos 50 metros de esta pequeña casa de comidas desde donde se pueden ver las escasas luces del valle reflejadas en el impresionante lago Phewa.

Phewa Lake

Y aquí estoy, compartiendo el calor de unas llamas alimentadas por bambú con personas de cinco nacionalidades diferentes. Espero el primer plato de mi cena pensando en la jornada de mañana para la cual creo que tengo todo preparado; el equipo, permisos, medicinas, lo básico para comer y pastillas potabilizadoras para el agua. Después de leer, conversar y valorar el estado del tiempo me he decidido por el circuito de la Anapurna Base Camp, ya que el circuito que da la vuelta a la cordillera está cerrado en algunos puntos por exceso de nieve, además de no disponer de mucho tiempo para dedicarle.

Llega mi sopa y mañana… la montaña.

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Anapurna Team

Aquí el tiempo resulta difícil de medir. Parece que fue ayer cuando aterricé en el campus después de horas de transbordos en aeropuertos y kilómetros en coche pero al mismo tiempo tengo la sensación de haber estado mucho más de dos meses visitando hospitales y pequeños pueblos del rural, compartiendo viajes, encuentros y despedidas con todas las personas con las que he tenido la suerte de encontrarme. La verdad es que en estas nueve semanas que llevo en la India he tenido la posibilidad de hacer un montón de cosas. Además de mis estrechos lazos con el grupo de Bathalapalli, las sesiones de yoga con María y las largas horas pasadas con mis amigos l@s raton@s de biblioteca, he disfrutado de otro pequeño gran grupo al que cierto día bautizamos como ¨Anapurna Team¨.

Las sesiones matutinas de yoga con María Llompart, otro gran regalo de mi estancia en Anantapur

Tres veces por semana nos reuníamos en la puerta del Campus para repartirnos las bicis o subirnos a un rickshaw y desplazarnos unos 2 kilómetros hasta el Criket Campus. Allí dejábamos nuestras mochilas en el gimnasio y tras unos minutos de ¨trote cochinero¨a modo de calentamiento corríamos durante poco más de 35 minutos viendo como el sol aparecía y se iba separando del horizonte. Después, sudorosos, acabábamos con una serie de estiramientos, una pequeña rutina de abdominales y ejercicios de autocarga que se iba ampliando y consolidando según se nutría de las aportaciones de los nuevos o viejos componentes.

Pese a la variedad en cuanto al número de componentes hubo cuatro personas que casisiempre hemos estado ahí y que semana a semana hemos ido forjando cierta amistad que, ahora que llega el momento de marcharme, es de lo que más siento que voy a hechar de menos.

Germán, nuestro ingeniero, astrólogo y marathoniano más preciado, impulsor e iniciador del grupo; Marta de Suiza, que poco a poco se ha ido ganando el respeto de todos nosotros por su esfuerzo y dedicación; Marçal, organizador por excelencia de eventos y reuniones en busca de un objetivo común, compatir y disfrutar y, por último; el menda lerenda, un payaso en busca de si mismo que no pierde la oportunidad de acercarse a la gente bonita.

En nuestras conversaciones figuraban en primera linea los treckings por la Anapurna Nepalí, de hecho, una de las motivaciones era prepararse para la carga física que supone cualquiera de sus recorridos. Tanto hemos hablado del tema que va a ser el primer destino de lo que queda de mi viaje. Por lo que parece voy a ser el primero en volar a Kathmandu para respirar el aire puro de una de las cordilleras más altas del mundo.

Anapurna Team en su época dorada.

Gracias por todo chicos, sólo espero que continuéis amaneciendo tan bien como hasta ahora, con las caras ralladas por las sábanas y los párpados a medio abrir pero, sobretodo, juntos.

Uno de los pollitos ya ha dejado el nido. Nos vemos en el camino!

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Kalyandurg-Anántapur

Domingo 8 de Enero:

El sábado por la noche, después de trabajar, subimos 7 bicicletas al techo de un autobús en Anántapur para compartir 65 minutos de viaje hasta Kalyandurg. Allí nos esperaban en el campus del hospital las 6 bicis que habíamos llevado el día anterior, una suculenta cena y tres habitaciones de dos camas para trece personas. A las 7 de la mañana del domingo el convoy al completo desayunaba y tras los últimos preparativos empezamos nuestra travesía hacia el 1st.Campus.

Niño duerme en el ragazo de su hermano en el bus hacia Kalyandurg

En hora y cuarto habíamos recorrido 20 kilómetros y el grupo permanecía unido y sin ninguna baja. A juzgar por el estado de la carretera y de las bicicletas resultaba bastante alentador. Después de hidratarnos, algo de fruta y algún que otro chai continuamos el camino. Los habitantes de los pueblos nos saludaban al pasar con tanto entusiasmo como cualquier seguidor de una Vuelta Ciclista, un Tour o un Giro. A nuestra segunda parada uno de los miembros del equipo no resistió la tentación de subir la bici a un camión y aumentar en cuatro el número de ruedas sobre las que acabaría el viaje. Hubo un momento crítico en el que casi perdemos otro componente pero las bicis escoba se ganaron el pan y le ayudaron a remontar las cuestas del resto del viaje ayudados por una cuerda, esto sólo puede pasar en la India.

Los "bici-escoba"

Al llegar al campus , varios compañeros nos esperaban para premiarnos con una buena limonada. Tocaba una merecida ducha para quitarnos el olor a tigre, un poco de cremita hidratante para atenuar el rojo camarón y después de la comida, el momento que todos esábamos esperando, el amigo invisible!.

Y por fin... llegamos.

Aquí teneis un pequeño montaje de la experiencia bicicletera montado por Enric Romaguera: http://www.youtube.com/watch?v=KEATI1wZ3hQ&feature=related

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Hampi new year!

Domingo 31 de Diciembre:

En esta ocasión fuimos 10 las personas que juntamos nuestros días libres (nos corresponde uno por cada mes) para pasar el Fin de Año en Hampi, también conocida como Ciudad de la Victoria. Ocupa un área de cerca de 26 kilómetros cuadrados en el valle del rio Tungabhadra, en el estado de Karnataka. Hay cerca de 350 templos además de fortificaciones y un vasto y elaborado sistema de irrigación. Fué la capital del Imperio Vijayanagara de 1336 a 1565, cuando los sultanes del Dekán alarmados por su creciente poder se aliaron y derrotaron a Rama Raya en la batalla de Talikota. La capital fue ocupada y el imperio jamás se recuperó.

La torre más alta del Templo de los Elefantes

Tras 5 horas de mi segundo viaje en tren, esta vez en “sleeper”, llegamos a Hospet, donde nos desplazamos en dos ricksaws rumbo a Hampi. Alli la elefanta nos esperaba dándose un baño antes de empezar con su dura jornada laboral. Pagamos entre 15 y 20 rupias por cabeza (es dificil de explicar pero los precios aquí fluctúan de una manera sorprendente) para que una barca nos cruzara el río y hospedarnos en el Funcky Monkey, una Guest House situada en la otra orilla. Desayunamos y empezaron tres de los días más relajados y divertidos que he vivido desde que estoy en la India.

Algo difícil de explicar se respiraba en el ambiente, una mezcla entre el entusiasmo por compartir, el disfrute de descansar, de desconectar del intenso trabajo diario y sobretodo mucha diversión. No paramos de pasárnoslo bien.

Escalamos en uno de los paraisos del boulder, paseamos por templos majestuosos, nos bañamos en lagos de agua limpia y fresca, degustamos menús internacionales en restaurantes de la zona, donde las sobremesas se convertían en siestas de chill-out, todo esto aderezado por una frase que se repetía constantemente en nuestras cabezas: Estamos como queremos!

Escalando

El grupo se dividía y reencontraba todo el tiempo en perfecta armonía. Tan pronto estábamos todos juntos como unos se quedaban, otros seguían y los de más allá se marchaban.   Uno de nuestros momentos de dispersión fue antes de marcharnos cuando apuramos nuestras compras por los puestos de artesanía escogiendo, muchos de nosotros, el regalo para nuestro amigo invisible navideño.

Colores

Ya anocheciendo volvimos a reunirnos y acompañamos a la elefanta al río donde nos despidió escondiéndose bajo las aguas.

El reportaje fotográfico corrió de mi cuenta pero no os perdais el video que se curró Enric: http://www.youtube.com/watch?v=zLjr21wLpzg&feature=related

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